Una terminología muy usada en la actualidad, probablemente no bien comprendida, es el concepto de la computación en red o más conocido como el Cloud Computing. Cloud Computing significa la adopción de una estrategia computacional donde todos los recursos computacionales están fuera de la empresa, se consumen cuando se requieren y pagan cuando se utilizan.

Dependiendo del tipo de empresa, según su tamaño, grande, mediana o pequeña y del sector de actividad en el que intervenga la adopción del Cloud dependerá de sus propias necesidades de gestión o situación en la que se encuentre. Así habrá procesos que se puedan subir al Cloud con mayor premura o no y con distintos costes asociados a ello.

En cualquier caso siempre habrá razones de peso para migrar a la nube:

  1. Ahorro de costes en infraestructuras IT que en situaciones de crisis como la actual puede ser determinante, en algunos casos se habla de hasta el 50%.
  2. Las empresas pueden disponer y proporcionar mayor nivel de servicios debido, principalmente, al enorme incremento de la movilidad y el aumento de la productividad.
  3. Especialmente la posibilidad de aportar valor al negocio.

La cuestión ya no es plantearse las bondades del Cloud, es decir, Cloud sí o Cloud no; sino cuándo puesto que prácticamente no existen barreras tecnológicas para su adopción, proporciona interoperatividad, esto es, permite respetar la tecnología, software, etc. que ya se tiene y por último se alcanzan unos niveles de seguridad más que razonables para la protección de la información.

Respecto a la preocupación manifestada muy a menudo sobre la seguridad del Cloud, radica más en la propia percepción de los usuarios que en la realidad ya que los mecanismos disponibles en este  momento proporcionan seguridad suficiente desde el punto de vista técnico como normativo y de cumplimento legal.

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